¿Te aburres? ¿Te gusta conducir? ¿Te gusta montar en moto en circuito? Vale, no es un anuncio de BMW, pero sí que podría ser uno de cualquier página web para venderte un circuito... sí, un circuito de motos. Y es que no todos los días aparece en el mercado un circuito de carreras, y menos uno que no solo está plenamente operativo, sino que además ofrece algo tan poco habitual como una pista de aterrizaje privada integrada en el propio complejo.
Justo eso es lo que ocurre con Chuckwalla Valley Raceway, una instalación privada ubicada en pleno desierto de California que ha salido a la venta por 26 millones de dólares, unos 22 millones de euros al cambio actual.
Lejos de los grandes templos del motorsport cargados de historia, Chuckwalla representa otra filosofía bastante diferente. Nos explicamos: fue inaugurado en 2010, en plena era moderna de los track days y la cultura del pilotaje amateur bien organizado. El trazado prinicpal es de 4,3 kilómetros y 17 curvas, y está diseñado para ser técnico sin resultar intimidante, con combinaciones de curvas rápidas y sectores más revirados que obligan a encontrar ritmo y precisión. O sea, que no es un trazado tan profesional, sino mucho más amateur para disfrutar.
Uno de los puntos más llamativos del circuito es su planteamiento en términos de seguridad: a diferencia de muchos trazados tradicionales, Chuckwalla prescinde de grandes muros, escapatorias estrechas o zonas críticas. Así que en su lugar, el desierto actúa como una enorme red de seguridad natural ya que las escapatorias son amplísimas, lo que reduce considerablemente el riesgo en caso de error. Es un circuito pensado para aprender, para rodar mucho y para equivocarse sin pagar un precio alto, algo especialmente valorado en eventos privados y tandas abiertas.. total, el desierto te para.
La infraestructura la verdad que es bastante más sencilla que la de otros circuitos de referencia. El paddock es básicamente una gran explanada sin boxes permanentes y aun así, no le falta lo esencial: hay suministro de combustible, alojamientos tipo chalet para quienes quieren quedarse varios días y espacio suficiente para organizar eventos de cierto nivel.
Pero si hay un elemento que realmente marca la diferencia, ese está justo al lado del trazado: una pista de aterrizaje privada. Este detalle cambia por completo el posicionamiento del circuito. No estamos hablando solo de un lugar donde rodar, sino de una instalación pensada para un tipo de cliente muy concreto, capaz de llegar en avión, pasar el día en pista y marcharse sin necesidad de salir del recinto. Digamos entonces que es un concepto que encaja más con clubes privados, fabricantes o inversores con intereses muy específicos dentro del mundo del motor.
A lo largo de los años, Chuckwalla también ha servido como escenario para jornadas especiales lejos del foco mediático. En 2018, por ejemplo, Lewis Hamilton rodó allí junto a Cal Crutchlow en una sesión privada, un tipo de actividad que refleja perfectamente la naturaleza del circuito: discreto, exclusivo y centrado en la experiencia de conducción pura.
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La pregunta evidente es quién puede estar interesado en una compra así por 'solo' 22 millones de euros (o 26 millones de dólares, vaya). No parece una operación dirigida a grandes promotores de eventos, ni a campeonatos internacionales, pues valor está en otro sitio; puede ser atractivo para marcas que necesiten un centro de pruebas permanente en Estados Unidos, para organizadores de track days de alto nivel o incluso para inversores que quieran desarrollar un concepto de club privado alrededor del motor, algo cada vez más común en mercados como el estadounidense... o si te sobra mucha pasta directamente.


Fuente de la noticia: ¿Te sobra pasta? Venden un circuito en pleno desierto por 26 millones… y con pista para avion

